“Mi mascota no necesita ejercicio, vive en casa”: el sedentarismo como enfermedad normalizada
Hay ideas que, por repetirse, se vuelven peligrosamente aceptadas. Una de las más comunes en la consulta veterinaria moderna es esta: “No necesita salir, vive dentro de casa”. Suena lógica, cómoda y bien intencionada. Médicamente, es un error con consecuencias acumulativas.
El movimiento no es opcional, es fisiológico
Perros y gatos están diseñados para moverse. El ejercicio regula:
Metabolismo y peso corporal
Salud articular y muscular
Sistema cardiovascular
Equilibrio emocional y conducta
Eliminarlo no es neutral; es patológico.
Consecuencias clínicas del sedentarismo
En la práctica diaria, el sedentarismo se traduce en:
Obesidad, la enfermedad más subestimada en mascotas.
Dolor articular crónico y progresión temprana de osteoartrosis.
Diabetes, especialmente en gatos.
Ansiedad, destructividad y apatía por falta de estimulación.
Disminución de expectativa y calidad de vida.
No aparecen de un día para otro. Se construyen en silencio.
La falsa seguridad del “está tranquilo”
Una mascota tranquila no siempre es una mascota sana. Muchas veces es un animal subestimulado, con dolor o con baja condición física.
Confundir calma con bienestar es un error diagnóstico frecuente.
Ejercicio no significa exceso
No se trata de maratones ni rutinas extremas. Se trata de movimiento adecuado a edad, raza y condición clínica:
Caminatas controladas
Juego estructurado
Enriquecimiento ambiental
Rutinas constantes
En términos de salud, la constancia vale más que la intensidad.
Conclusión médica
El sedentarismo no es una comodidad inocente; es un factor de riesgo modificable.
Permitir que una mascota no se mueva es acortar su funcionalidad antes de tiempo.